27 de noviembre se realizará en Santiago el 1° Encuentro Chileno de Familias Lesboparentales, que busca visibilizar la realidad de miles de familias de lesbianas con hija/os, no contemplada en las políticas públicas. En esta misma línea, el pasado 17 de noviembre se realizó el debate «Modelos de Familia, Desafíos de la Diversidad», enmarcado en la celebración del 168° Aniversario de la Universidad de Chile, en que participaron como panelistas destacados profesionales: una teóloga, una jueza, una psicóloga, un escritor y un académico.

En una magnifica presentación, la jueza Karen Atala enfatizó la laicidad del Estado de Chile y apuntó a la igualdad de las personas ante la ley. Señaló que no hay una definición clara de familia, y que su estructura ha estado cambiando en el tiempo: anteriormente incluía a los esclavos, por ejemplo. En ese sentido, la legislación chilena no da cuenta de la realidad social, excluyendo a muchos de los distintos modelos de familia que existen: parejas de hecho, familias adoptivas, de acogida, mixtas, extensas, padres o madres separados, las que recurren a la procreación asistida, las homoparentales, entre otras. Familia no es solamente aquella constituida por el matrimonio heterosexual más hija/os aun cuando diversas iglesias insisten en que este sea el único modelo que el Estado debe proteger y fomentar.

En contraste, el panelista Walter Sánchez, académico de la Universidad de Chile, coordinador general de la Comisión Arquidiocesana del Bicentenario, respondiendo algunas preguntas dijo que “El matrimonio es para siempre”, “No revolvamos el gallinero en materia de matrimonio”, “el matrimonio se constituye en lo que yo, macho, entrego algo que es distinto a lo que entrega la hembra”, pero agregó que “no tengo argumentos para negar que puede haber algo entre personas del mismo sexo, pero no digamos matrimonio a eso porque es otra cosa”. “El matrimonio a mi me hizo sentir libre”, comenta este señor hombre, blanco, heterosexual, en la cumbre de la pirámide del sistema heternormativo y cuyas frases causaron asombro en la/os asistentes. Yo no se si se habrá enterado que en Chile el Matrimonio Civil data de 1884, un contrato civil que, aun con varias reformas, sigue desigual en cuanto a derechos y obligaciones entre las partes y que, recién en 2004, se incorporó el divorcio. Esto deja en claro que de «natural» no tiene nada el matrimonio, sino que será lo que la sociedad, en cada momento, en función de la realidad y sus necesidades, democrática y legítimamente decida.

La razón de exigir un Matrimonio Igualitario y el respeto a las formas que tenemos de hacer familia no pasa porque queramos casarnos, menos con las normativas actuales, sino que exijimos que el Estado acepte la igualdad de derechos como un principio guía, y que lo practique. Chile, hasta el momento, tiene más de 60 denuncias internacionales vigentes por violación de derechos humanos, y su presidente en estos días ofrece al régimen chino ayuda en estos «sensibles temas». Partamos por casa, por tener al menos una ley contra la discriminación, porque no nos vamos a conformar con ciudadanías a medias, ni menos con palabras de buena crianza o promesas electorales incumplidas.

* Por Lukas Berredo, Coordinador Político Movimiento por la Diversidad Sexual (MUMS) / El Paradiario 14