Por Enrique Sanhueza

Jorge: … no nos hemos presentado. Me llamo Jorge ¿y tú?

Miguel: Miguel, mucho gusto

Jorge: Mucho gusto

Miguel: ¿Y tienes pareja?

Jorge : No, si tuviera no estaría aquí. ¿Y tú tienes? Porque se ven casos y casos.

Miguel: Nooo, tampoco tengo… Oye mejor caminemos que ya se hizo muy noche.

Jorge: Sí mejor nos vamos juntos, yo salgo a Provi.

Miguel: También yo ¿Y siempre vienes por estos lados?

Jorge: No es la segunda vez no más ¿Y tú?

Miguel: Hacía como un año que no venía…

Jorge: Aaaah… ¿Y ahora preparándote para la Marcha del Orgullo Gay que ya se viene?

Miguel: Noooo, ni loco, yo jamás participaría en eso

Jorge: ¿Y por qué no? Es una oportunidad estupenda para pasarla entretenido y a la vez manifestarnos contra la homofobia y la discriminación

Miguel: Sí pero es que la verdad yo nunca me he sentido discriminado por nadie, ni en mi casa, ni en el trabajo y menos en la Iglesia donde participo

Jorge: Mira que has tenido suerte ah ¿Y tus papás lo saben desde hace mucho tiempo?

Miguel: Nooo si no tienen idea. No sabe nadie de mi familia, ni en el trabajo ni en la Iglesia

PRIMER PLOP!

Miguel: Aunque estuvieron a punto de saber en mi casa una vez cuando los pacos me llevaron preso por faltas a la moral

SEGUNDO PLOP!

Miguel: Por suerte todo se arregló y nunca supieron y no va a ser esta la ocasión tampoco. Imagínate que me enfoca una cámara y salgo en la tele o en un diario, capaz que hasta pierda mi trabajo

TERCER PLOP!

¿Cuántas veces hemos escuchado diàlogos como el de Jorge y Miguel? ¿Cuántas veces nosotros mismos hemos sido interlocutores en pláticas similares? Así hemos escuchado también de nuestros pares toda clase de excusas para no hacerse parte en esta manifestación, las que van impregnadas, lo que es peor aún, de una critica negativa calcada del discurso mismo de los sectores conservadores: “Hay niños en las calles y no es bueno que vean a las locas tomadas de las manos o besándose públicamente”; “¿Y por qué tienen que haber marchas homosexuales? Los heterosexuales no salen a las calles a marchar ni andan con un cartelito diciendo lo que son”; “Mira a estos travestis con las tetas afuera, estos son los que nos desprestigian, fíjate en esas locas fuertonas cómo caminan, yo no soy así , yo soy varonil, cómo vamos a exigir que nos respeten y no nos discriminen si estas locas tampoco se hacen respetar, primero empecemos a respetarnos nosotros mismos”; “Una marcha debiera incluir sólo homosexuales vestidos de hombre, todos de terno por ejemplo, para que así la gente nos vea como lo que somos personas normales que podemos estar en todas partes, que no tenemos modales afeminados, esa es la única forma de romper los estereotipos de la TV respecto al gay. Además, la tele ¿Qué va a mostrar? Las tetas y los potos o los escándalos porque eso es lo que vende. En esas condiciones yo no participo”.

Penoso por decir lo menos pero aún persiste una enormidad de personas que perteneciendo a la comunidad GLBTT, no comprenden el sentido y el enorme gesto que hay tras esta manifestación. Alguna vez marchamos a rostro cubierto ¡Qué vergüenza ¡ ¿Verdad? ¿Por qué habríamos de taparnos el rostro? No somos desviados, ni delincuentes, ni criminales, somos personas que tenemos una orientación sexual diferente que no responde al modelo de sexualidad heteroficialista, porque el sexo es algo mucho más complejo que un mero vínculo biológico, procreativo, desvinculado de goce , tema del que no se quiere hablar, que se escabulle, que se elude cobarde y vergonzosamente excluyéndolo de los programas de educación de niños y jóvenes. Y a falta de educación sexual, a falta de debate que incorpore necesariamente el tema de la diversidad, tenemos que salir y tomarnos las calles, aunque sea una vez al año para demostrar que existimos: gays, lesbianas, bisexuales, transgéneros y transexuales. Cómoda postura es la de aquél que asimismo se engaña cuando jura no haber sufrido nunca la discriminación y sin embargo su orientación homosexual debe mantenerla oculta, relacionándose con los demás en las sombras y siempre pensando en el fantasma del paco homofóbico que se te puede aparecer para aplicarte el maldito artículo 373 del Código Penal. O que no se enteren en tu trabajo porque “te echan cascando” porque no se tienen los suficientes huevos para decir:”Basta, sí soy homosexual y no voy a permitir que sigan pisoteando y conculcándome mis derechos humanos”. Patética es la postura de aquél que emulando a esas señoras cuicas , conservadoras e ignorantes piensan que los niños no pueden ni deben ver manifestaciones afectivas entre personas de igual sexo como besarse o tomarse de las manos. “¿Cómo les explicamos a los niños que dos hombres o dos mujeres se tomen de la mano? Por Dios” ¿En verdad hay algo que explicar? ¿Les explicamos a los chicos por qué tienen estas actitudes un hombre y una mujer? ¿O los chicos tienen capacidad por sí mismos de aprender y comprender que la gente puede regalarse afecto? Es hora ya, de modificar nuestras conductas, de mostrar nuestras afectividades delante de quien sea y en el lugar que sea. Cuánto tiempo, dinero y sufrimiento se habrían ahorrado muchísimos gays y lesbianas en consultas psicológicas o psiquiátricas si de pequeños hubieran tenido la oportunidad de observar a parejas del mismo sexo, obsequiándose afecto, obsequiándose amor. Tenemos que empezar de una vez por todas a ejercer nuestro derecho a la IGUALDAD y dejar pololeos entre cuatro paredes. Si nos insultan nos defendemos, si nos echan los funamos, si nos detienen nos revelamos, si nos enfrentan los enfrentamos. “Ah, pero es que Chile aún no está preparado para eso todavía” Dicen los mismos agoreros de siempre. ¿Y cuándo lo va a estar entonces? Al parecer Chile nunca está preparado para nada. No estaba preparado para el divorcio, no está preparado para la “píldora del día después”, no está preparado para las uniones homosexuales. Según esto es legítimo preguntarse ¿Cuándo se preparó a Chile para sufrir el sangriento golpe militar, la tortura y el genocidio?¿Cuándo se preparó a Chile para el hambre y la desesperanza de miles de compatriotas?¿Cuándo se preparó a Chile para tener abuelitas mendigando por las calles y a las salidas de las Iglesias, para tener a indigentes viviendo debajo de los puentes y que se nos mueren de hambre y de frío cada año? ¿Cuándo se preparó a Chile para que niños se prostituyan en las plazas? ¿Cuándo se preparó a Chile para aguantar los abusos patronales, la explotación y para vivir con salarios miserables? ¿Cuándo se preparó a Chile para soportar el drama de la cesantía, la discriminación y la exclusión? ¿Cuándo? Mientras los homosexuales mantengamos actitudes pusilánimes, difícilmente vamos a provocar un cambio. En la medida que gays y lesbianas nos atrevamos a expresar nuestras afectividades en espacios públicos todos los días y a toda hora y nos sumemos a manifestaciones como la Marcha del Orgullo los impactos iniciales irán en retirada para que llegue ese anhelado día en que nadie tenga que ser perseguido como consecuencia de su orientación sexual.

«Brillante” es aquél que descubrió que los heterosexuales no se organizan para marchar por las calles. Obvio que no marchan pues. A ellos no se les apunta con el dedo, no se les estigmatiza, no son objeto de burlas ni de escarnios, no son perseguidos por la policía, ni detenidos por ofender la moral, ni tampoco pierden sus trabajos, ni son asesinados debido a su orientación sexual, tienen derecho a casarse (si lo desean), a tener o adoptar hijos y criarlos, etc. En cambio homosexuales, lesbianas y transgéneros debemos estar día con día luchando por nuestros derechos, por el respeto a nuestra dignidad de ser personas.

Odiosa postura es la de aquél que no entiende que en la marcha tienen cabida todas las manifestaciones porque así es la sexualidad, DIVERSA. Y que el homosexual femenino no vale más ni vale menos que el homosexual masculino, que no entiende que ese desprecio hacia la femineidad lo vuelve paradojalmente en cómplice de su peor enemigo, el machista extremo que subvalora a la mujer y repudia al varón homosexual. Y así como la marcha es de homosexuales y lesbianas, los transgéneros tienen mucho que aportar. Tras esas actitudes, tras esos diseños de imagen que para algunos pueden resultar fuertes, chocantes o transgresores, hay seres humanos que han tenido historias de vida, de sufrimiento, de agresiones y persecuciones aún más traumáticas que las de los homosexuales masculinos. Piénsese en lo que significa descubrir un día, que se está atrapado en un cuerpo que no nos corresponde, porque nuestra identidad biológica-genética no se condice con nuestra identidad psicológica y de género. Cada uno de los miles de participantes a la marcha tienen sus propias biografías, sus propios procesos, todos diferentes unos de los otros, en virtud de ello será su objetivo al marchar y lo que expresen durante este recorrido. Si alguien quiere mostrar el culo, que lo muestre. Pues cada quien le dará su sentido a esta manifestación, existirán tantos propósitos y objetivos diferentes como participantes. Para algunos será fiesta, un buen pretexto para pasarla bien, para chacotear junto a los amigos fuera del ámbito de la disco, para lucir hermosas pelucas, plumas y trajes de lentejuelas cada uno más vistosos o más audaz que el de los otros compañeros, para presumir el costoso disfraz que te diseñaste, alquilaste o compraste. Porque es la ocasión de demostrar que eres tanto o más bueno que el mejor de los transformistas que admiramos en las discos.

Pero marchar es también provocar e invitar al debate a todo nivel desde la clase política hasta el ciudadano común: ese transeúnte que nos queda mirando atónito, el que nos reprueba y hasta el que nos guiña y alienta en nuestra causa. Marchar es estimular a que los niños acompañados de sus familias pregunten, es estimular necesaria respuesta, necesaria conversación, es enfrentar un tema que interesadamente se mantenía oculto. Marchar es también estimular y servir de ejemplo para que muchos gays y lesbianas que aún viven atormentados a raíz de su orientación sexual, comprendan que no están solos, para que ellos y los compañeros que seguirán nuestro recorrido desde las veredas pierdan el temor, la vergüenza y puedan salir de ese closet oscuro que les impide ser totalmente libres y felices. Marchar es también demostrar nuestra capacidad organizativa, nuestra capacidad de dar respuesta frente a los actos de discriminación y homofobia que permanentemente afectan a las minorías sexuales en nuestro país. Marchar es decir basta a los despidos laborales por orientación sexual, basta de persecución policial y de carabineros en contra de gays y travestis. Porque marchar es también exigir el fin al artículo 373 del Código Penal que sirve en Chile para continuar la persecución contra las minorías sexuales. Es exigir además una pronta Ley Antidiscriminatoria, esa que tanto nos prometiera esta mentirosa administración. Claro porque “Una vez metido se olvida todo lo prometido”, refrán perfectamente aplicable a los sistemas de gobierno que se instalan en el poder a base de mentiras y de promesas que nunca cumplen, tan cierto como aquello de que “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. Marchar es también entregar señales de poder y de respuesta política frente a la discriminación y la homofobia porque POLITICAS son las razones para perseguir todo aquello que se aparta del modelo heterosexista, visión miope en que la Iglesia Católica y los sectores conservadores se han quedado pegados como insectos en una telarañas porque les conviene, porque es la políticamente correcta para efectos de manipular, dominar, y controlar a los seres humanos. Por eso siempre los vemos interfiriendo en las campañas de prevención del VIH SIDA, interfiriendo para que las mujeres y los jóvenes no puedan ejercer sus derechos sexuales y reproductivos, interfiriendo para que la educación sexual no sea impartida en los colegios, porque hablar de sexualidad necesariamente es hablar de la Escala Kinsey, es hablar no sólo en términos estrictamente biológicos, es hablar de su pluridimensionalidad, de diversidad, de derechos, de prevención, es hablar de condones. Cuántos homosexuales han vivido años de angustia con depresiones terribles que los llevaron incluso al suicidio porque se creían enfermos, desviados o pervertidos, porque nadie les habló que lo natural es lo diverso, porque nunca recibieron educación sexual, ni en sus casas ni en sus colegios porque simplemente los Estados o los gobiernos que se dicen ser progresistas y separados de la Iglesia no han sido capaces de ponerse los pantalones y permanecen hasta nuestros días lambiendo sotanas en vez de favorecer políticas y programas de Educación Sexual efectiva en los colegios. Cuando tenemos Ministros de Educación que parecen confundir información con proselitismo, como si las orientaciones sexuales se ganaran a través de esta práctica, de ser así seríamos todos heterosexuales…Por favor¡ Marchar es entonces expresar nuestra rabia también. Es aprovechar la oportunidad para hacer ese refrescamemorias anual que tanto necesita nuestra hipócrita y pacata sociedad chilena tan inmensamente influenciada por el conservadurismo católico, la oportunidad para hacernos visibles, para insistir en que somos una realidad innegable y que como lo afirman activistas por los derechos de gays, lesbianas y transgéneros podemos ser más del 10, el 20 y hasta el 30 por ciento de la población, porcentaje nada despreciable a tomar en cuenta sobretodo en la coyuntura política en que nos encontramos. Cuando tenemos a una tracalada de especímenes que como buitres estarán peleándose hasta fines de año para agarrar sillones presidenciales y legislativos. Oportunidad única para decirles que como ciudadanos tendremos buen cuidado el día que ejerzamos nuestro derecho a voto para elegir a aquellos que mejor nos representen, los que de verdad sepan acoger e interpretar debidamente nuestras demandas. Para expresar nuestro más absoluto desprecio y rechazo a aquellos representantes políticos que provienen de sectores que históricamente han liderado persecuciones en contra de los homosexuales y que en épocas eleccionarias se esfuerzan en borrar los antecedentes de su ficha criminal. Oportunidad única para dejar impresa en nuestras cabezas que la discriminación y la homofobia que sufrimos y ante las cuales nos revelamos marchando deben necesariamente expresarse a fines de año escogiendo a quienes realmente están por el reconocimiento y por el respeto a la diferencia.

Marchar es también reírnos de la moralina existente, es transgredir valores, es provocar, remecer y destruir los cimientos mismos de las estructuras morales para derribarlas violentamente, para liberarnos de las cadenas sujetas a dichas estructuras. Para gritarle en su cara a la hipocresía que se viste de sotanas o de uniforme policial que no estamos solamente en las peluquerías, en las cocinas o en las escuelas de ballet, que estamos en la Iglesia, en la Policía, en los gobiernos, en las instituciones militares, en todas las profesiones y ámbitos del quehacer nacional. Para gritarles en su cara a los que hacen gárgaras con los valores de la familia y se limpian la boca despotricando en contra del “maricón” que pueden tener a uno muy cerca suyo que puede ser su hermano, su padre o su propio hijo. El espíritu de “La Guerrera” que un día inspirara a la Brigada Divine , una vez más se hace presente en este gran acto para decir que marchamos con la frente en alto con decisión y con orgullo porque marcamos la diferencia, porque para los que hemos sufrido la homofobia y la intolerancia marchar lo es todo: es festejo, es alegría, es orgullo, es ejemplo, es respuesta, es enojo, es coraje, es rebeldía y valentía. Además es desobediencia, es transgresión, es provocación. Pero sin dudas marchar es liberación, es desafío, es lucha, es demanda, es poder y es derecho. Derecho de gritar al pastor intransigente, al cura Opus Dei, al paco homofóbico, a los que en el colegio y en el vecindario te atacaron, de gritar al mundo entero: Sí somos gays, lesbianas y transgéneros. La ocasión de gritar sin temor ni vergüenza alguna: Soy hombre y soy mujer, soy gay, me encanta serlo, me fascinan los hombres y me los como hasta los pelos… ¡Y qué!

Y ay de aquél que se atreva a interferir en mi felicidad!

Nos vemos en la marcha.