El martes 13 se entregaron vía conferencia de prensa los resultados del estudio de prevalencia de VIH en hombres que tienen sexo con hombres, categoría que proviene de la epidemiología y que trata de contener a gays, homosexuales y bisexuales, pero también a aquellos hombres que sin identificarse con alguna identidad sexual tienen prácticas sexuales con otros hombres.

La prevalencia resultó bastante elevada si se compara con los datos que se tienen de la prevalencia en la población general, lo que puede ser mirado desde varios puntos de vista. ¿Es acaso un fracaso en las políticas de prevención de VIH por parte del Estado? ¿Será “natural” la curva que toma la epidemia con acumulación debido a la medicación eficiente para quienes viven con VIH?

Ayer también se discutió en el Senado argentino la ley de matrimonio igualitario, un concepto que ha posicionado el matrimonio para todos y todas ampliamente y que es la demanda de las organizaciones de diversidad sexual en Argentina hoy. Una demanda de ciudadanía y derechos para la construcción de una sociedad que respeta la dignidad humana.

Cuando revisamos estudios sobre VIH, fácilmente podemos caer en el error de pensar que las personas por el hecho de ser homosexuales comparten ciertas características o formas de comportamiento, incluso he escuchado decir a algunos que comparten morfologías del cerebro. ¡Imagínense! No son las identidades sexuales las que tienen más o menos probabilidades de tener un tipo u otro de virus, enfermedad o infección, sino las prácticas que libremente se adoptan y los acuerdos a los que llegamos con nuestras parejas sexuales.

Ahora, cuando no todos están en situación de decidir libremente sobre sus cuerpos, se producen dificultades en torno al cuidado del mismo. Cuando en una sociedad se condena el libre ejercicio de los derechos para todos y todas y se vulneran ciertas identidades sexuales, se estigmatizan ciertas prácticas no sólo sexuales, o se invisibilizan ciertas ciudadanías; se producen condiciones que favorecen la no implementación de conductas libres, se produce una vivencia de la propia opción sexual como algo que debemos cambiar, o esconder, porque es una carga que sobrellevar.

Es necesario, entonces, lograr un piso de igualdad jurídica para todos y todas sobre el cual se puedan producir los efectivos usos de los derechos para quienes lo deseen y las disidencias para quienes lo prefieran, si vivimos en un Estado de derecho que lo sea para todos y todas.

* Por Angelicx Valderrama, presidenta de MUMS / La Nación