Más de cincuenta personas se han manifestado en pos de los derechos de las personas trans (transexuales, transgénero y travestis) este sábado 22 de octubre, marchando desde Alameda con Paseo Ahumada hasta la Plaza de Armas.

Además del Movimiento por la Diversidad Sexual, MUMS, estuvieron presentes activistas de la Fundación =Iguales, de Queer UC, de la ContraPsicología, entre otros colectivos. La “Marcha por la Despatologización de las Identidades Trans” se enmarca en la campaña internacional Stop Trans Pathologization que, desde 2007, coordina una extensa agenda mundial de manifestaciones y actividades que tiene como objetivo poner fin a la violencia social e institucional de la cual son objeto personas transexuales, transgéneros y travestis.

Un centenar de colectivos y asociaciones de distintos países hacen un llamado a gobiernos y a organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y a la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) a terminar con la patologización de la libre expresión de las identidades de género y superar la transfobia contenida en leyes, normativas y protocolos de intervención sanitaria.

Los cinco puntos centrales de la campaña internacional apuntan a lograr la desclasificación de las identidades trans de los principales catálogos de enfermedades, el fin de las intervenciones sin consentimiento a personas intersexuales, el libre acceso a tratamientos hormonales y quirúrgicos a personas trans sin tutela psiquiátrica, la cobertura sanitaria pública del proceso de reasignación de género y la lucha contra la transfobia.

Hablamos de identidad de género al referirnos a la experiencia de género interna e individual de cada persona, sentida a un nivel profundo, que puede o no corresponderse con el sexo asignado al nacer, e incluye la vivencia personal del cuerpo y de otras expresiones de género como la forma de vestir, el habla y los gestos. Algunas pueden requerir modificación del cuerpo a través de hormonas, cirugías o de otra índole, con el fin de mejorar su calidad de vida. Otras pueden no necesitarlo.

Si bien la OMS retiró la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales en 1990, las identidades trans permanecen como trastornos hasta el día de hoy. Así, quien desee realizar cualquier intervención corporal o cambiar los datos en sus registros necesita la aprobación de un psiquiatra que, generalmente, realiza su evaluación con base en lo cuanto esta persona se encuadra en los esteriotipos de género impuestos a mujeres y hombres por el sistema heteronormativo.

Para Thomas Hammarberg, Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, “desde una perspectiva de derechos humanos y de la asistencia sanitaria, no es necesario que se realice ningún diagnóstico de trastorno mental para dar acceso al tratamiento de una situación que requiere asistencia médica”.

En ese sentido, tanto la resolución “Derechos Humanos, Orientación sexual e Identidad de género” de la Organización de Estados Americanos[1] como de la Asamblea General de las Naciones Unidas[2] y los Principios de Yogyakarta[3] instan a los Estados a tomar las medidas necesarias, tanto legislativas como administrativas, para promover y asegurar los derechos humanos de toda persona, sin distinción por estos motivos.

Valentina Verbal, activista de la Comisión Trans de la Fundación =Iguales señala que “las personas trans forman parte de una de las comunidades más discriminadas en Chile. Resultaría incomprensible no incluirlas en una normativa tendiente a luchar contra la discriminación.”

A su vez, Lukas Berredo, activista trans del Movimiento por la Diversidad Sexual, MUMS, afirma: “Muchos médicos se creen en el derecho de apuntar al otro como enfermo por no encuadrarse en sus patrones de ‘normalidad’. Mientras la despatologización de la transexualidad no llega, millares de personas trans siguen sufriendo en la mano de médicos inescrupulosos que creen saber mejor cómo uno se siente que uno mismo.”

En esta manifestación, se buscó evidenciar la extrema rigidez con la que se impone el binomio hombre/mujer como opción única y excluyente, binomio que es construido y puede ser cuestionado. “Nuestra sola existencia demuestra la falsedad de estos polos opuestos y señala hacia una realidad plural y diversa. Diversidad que, hoy, dignificamos.”, concluye.


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[1] Resolución de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos AG/RES. 2653 (X/L-O/11), aprobada en la cuarta sesión plenaria de la Asamblea General, celebrada el 7 de junio de 2011.
[2] Resolución de la Organización de Naciones Unidas “Derechos humanos, Orientación Sexual e Identidad de Género”, aprobada el 14 de junio de 2011 y firmada por Chile.
[3] Principios de Yogyakarta sobre Aplicación de la Legislación Internacional de Derechos Humanos en Relación con la Orientación Sexual y la Identidad de Género, 2007.