Columna de opinión por Fernando Muñoz*

Si nos dan a elegir, en MUMS preferimos un país sin ejército.
La reciente publicación de instructivos y políticas discriminatorias dentro de las Fuerzas Armadas chilenas no sorprenden a nadie. El reclamo estaba orientado a lo explícito de la discriminación, a su forma escrita, lo que pone manifiesto una nueva pregunta: ¿acaso el no mencionarlo hace a la institución menos homofóbica y discriminatória? Obvio que no.

En este contexto, necesitamos aclarar dos cosas fundamentales:
En primer lugar, como organización de la diversidad sexual nos toca denunciar los actos discriminatorios por orientación sexual o identidad de género. Además, si algún miembro de la comunidad sexo-diversa desea buscar apoyo para demandar a las fuerzas armadas, encontrarán en nuestro grupo el apoyo, aunque no nos guste en sí la idea de homosexuales, gays, lesbianas y trans en el ejército.

Como segundo elemento, tenemos que hacer respetar la Ley contra la Discriminación. Ésta ya es una mala Ley, y si no trabajamos por aportar a lo poco que contiene terminará por desaparecer. Más en este caso en el cual se implica una institución que tiene la manía de querer estar por encima de la Ley y el resto del país.

Pero pasemos a los aspectos relevantes e importantes del tema castrante y la diversidad sexual. Hay mucha tela que cortar y mucho que proponer.

Es conveniente recordar que la historia está llena amores y héroes cargados al amor entre el mismo sexo. Si bien la homofobia se ha encargado de ocultarla, de generales a pajes tenemos historias de amor y guerra, lo cual no legitima un ejército de maricas, al contrario, nos toca revisar el cómo y cuando llegamos a tener la institución misógina, machista, anticuada e inútil que hoy tenemos.

Este es el tema de fondo: ¿para qué sirven hoy las FF.AA.?, ¿vale la pena seguir invirtiendo miles de millones en ellas o será mejor redestinar ese presupuesto a otras áreas de nuestro desarrollo? Nuestra opinión va en este último sentido. Las Fuerzas Armadas no producen nada y sólo generan gasto, es decir, “son un come pulmones de la nación”, viven de nuestro cobre y nuestros impuestos, lo que ya es decir bastante, además otros detallitos.

La Dictadura Militar pasó todo el mundo a las AFP, según ellos una maravilla de sistema, y ahí tenemos al país con pensiones miserables y debiendo jubilar después de los 65 por las crisis financieras, mientras los militares se jubilan a los 30 años de servicio, en promedio cerca de los 50 años y además siguen registrando beneficios sociales de su condición de ex militar.

Por otro lado, los militares tienen un sistema de salud aparte: no están con el perraje de FONASA, es decir, ellos se reservan sus buenos recursos para mantener un sistema más caro, menos eficiente y de menor cobertura. En lo concreto, es una institución elitesca, llena de privilegios a costa de todos los chilenos y chilenas.

Ese es el problema: estamos hablando de una institución que tiene en el centro de sí misma una concepción del ser humano torcida. No se trata de hacerle moñitos y ponerle algunos mariconcitos para hacerla más diversa. Eso no le cambia su estructura castrante desde lo mental y desde la solidaridad humana. Eso no cambia que sea una institución de hombres heterosexistas, estereotipados y retrasados en la concepción del mundo.

El ejército y las fuerzas armadas en general no serán mejores por contar con unos y unas maricas en su seno. Al contrario, seguirán siendo un resabio del pasado, de un país que ya no existe, de guerras que ya no se dan. Ahora existen los Tratados de Libre Comercio, y con eso nos cagan la vida y la economía nacional.

A trabajar, entonces, por una nueva Constitución que reasigne y redefina el rol de las fuerzas armadas, y las baje de su sitial de privilegios y atropellos a la ciudadanía.

* Fernando Muñoz es coordinador político del MUMS.


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Las columnas de opinión no necesariamente reflejan el pensamiento de MUMS.