Nuestras sociedades son complejas. Factores como: innovación en TIC´s; caudales ilimitados de información; la tensión entre lo global y lo local; y los cambios sociológicos que experimentan nuestras comunidades. Todo ello, se conjugan a tal magnitud, que se desarrollan nuevas formas de relaciones humanas dentro de una sociedad.

En este contexto, Charles Taylor -filósofo canadiense- establece que existe un acrecentamiento del conflicto por parte del Estado, para responder de forma apropiada a la elevada diversidad de una sociedad. Por otro lado, bajo esta misma línea argumentativa, Jürgen Habermas –filósofo alemán- afirma que muchos Estados han desatendido la integración social durante muchas décadas, siendo una temática postergada por la hegemonía de las macro-funciones, ya sea económica y/o de seguridad nacional (1).

Por ello, conectado con el objetivo de esta columna, el Acuerdo de Vida en Pareja, es un ejemplo de eje articulador entre integración y diversidad. El AVP no solo responde a un derecho específico entre dos persona, bajo el principio de dignidad humana, sino que también responde en términos de justicia social y democracia. Es decir, es el cumplimiento por parte del Estado chileno en integrar la creciente diversidad de las sociedades contemporáneas. Un pequeño paso para las personas, un gran paso para la sociedad.

De este modo, revisaremos 5 argumentos del porqué la iniciativa del Acuerdo de Vida de Pareja responde a principio de dignidad humana, justicia social y democracia. Asimismo, nuestro objetivos es reducir la visión liberal frente a esta propuesta, ya que esta solo enfatiza funciones meramente privadas, ya sea regulatorias y/o de ciertos beneficios entre los involucrados.

Iniciemos:

En primer lugar, el AVP es un compromiso de Estado. ElAVP no solamente responde a demandas de grupos organizados que abordan temáticas de diversidad sexual y de género, sino que también es el cumplimento del compromiso del Estado de Chile en materia de Derechos Humanos con la Comunidad Internacional. Recordemos que en el Examen Periódico Universal Chile es cuestionado por no reconocer derechos de personas con orientación sexual y/o identidad de género no normativas.

Este problema ha sido manifestado con anterioridad y, por ello, sus respuestas han sido cuestionadas, actitud que no se puede seguir alimentando. Si Chile aspira tener una sociedad desarrollada, no solamente debe disponer de indicadores macroeconómicos intachables, sino que también promover el respeto intrínseco a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los tratados internacionales suscrito por nuestro país.

En segundo lugar, actualmente, se tiende a confundir que el Acuerdo de Vida en Pareja es exclusivo para parejas de un mismo sexo. Dicha suposición es equívoca, pues no es materia gremial de los movimientos por la diversidad sexual y de género, sino que involucra a la sociedad en su totalidad. Se debe tomar como opción la estratégica “deshomosexualizar” el Acuerdo de Vida en Pareja.

Es importante recalcar que el porcentaje de la población que mayor responde a esta medida son parejas heterosexuales y, en menor número, parejas de un mismo sexo. Por ello, no es un grupo específico involucrado, sino que todxs nosotrxs, nuestra sociedad completa.

En ese sentido, esta iniciativa contribuiría a aumentar la cohesión social y dar una  respuesta democrática a los diferentes lazos de vinculación entre las personas que hoy la ley no ampara. El vínculo con el Estado genera lazos explícitos con el  sistema social y por ende democrático.

Independiente de este argumento utilitarista de A% o B% de parejas de una u otra característica, esta iniciativa es una respuesta desde el Estado a las realidades socioculturales que experimentan las actuales sociedades en el mundo.

En tercer lugar,  son mayores alternativas para la construcción de proyectos comunes y garantía de libertades individuales. El AVP y el Matrimonio Igualitario son dos figuras jurídicas completamente diferentes, pero ambas contribuyen a dar opciones a las relaciones de pareja. Eso elimina la dicotomía Matrimonio vs Soltería, la cual es muy restringida y constituye un desamparo a las parejas de hecho. El AVP y el Matrimonio Igualitario apuntan tanto a objetivos diferentes como a dar soluciones a necesidades diferentes. Por ello, no sólo no son excluyentes, como que al contrario, son complementarias,  y buscan garantizar los derechos y deberes del acuerdo a la forma que desean enmarcar la relación dos personas, ya sea de distinto o igual sexo. Además, existen indicaciones donde incluso se brinda un piso mínimo a parejas de hecho, figura que no se reconoce en nuestro  país.

En cuarto lugar, la reglamentación de nuevas formas de proyectos colectivos enriquece el espacio democrático a fin de respetar la integridad de la persona sin limitaciones en su realización personal y su vínculo con la sociedad, cohesionando a sus habitantes en iguales derechos. Si bien las leyes son necesarias y vinculantes en generar el piso mínimo para respetar y garantizar el desarrollo integral de la persona, también poseen otra dimensión simbólica, en el sentido amplio, de generar un contexto propicio de una sociedad que acepta los diferentes proyectos de relaciones humanas. Al reglamentar diferentes tipos de proyectos comunes, se naturaliza y enriquece el contexto de las personas que viven dentro de una sociedad. De este modo, ayuda a promover los cambios culturales y sociales en forma paralela a las políticas públicas que apuntan a cambios, e interfiere en procesos de forma determinante.

En quinto lugar, la responsabilidad del Estado en la convivencia civil. La aprobación del AVP es una acción responsable ante el hecho fáctico de la existencia de parejas de hecho. El Estado se hace responsable y regula situaciones que pueden transformarse en conflictos, o bien puede dejar en el desamparo a sus ciudadanxs. Es decir, la aprobación del AVP es asumir una responsabilidad social ante lxs convivientes de hecho y sus familias.

En suma, ha sabiendas de lo complejo que es abordar los problemas sociales hoy en día, no podemos negar una realidad antropológica clave: Las personas son esencialmente individuales y sociales. Sin entender esta clave, podemos construir cuerpos robustos de derechos legítimos, pero en desmedro del debilitamiento del vínculo entre la persona con el entorno, o sea con la comunidad política y social. Caer en la mera visión liberal, es caer frente a nuestro propio adversario: El individualismo indiferente.

(***)

(1) Mendieta y Van Antwerpen. El poder de la religión en la esfera pública: Jürgen Habermas, Charles Taylor, Judith Butler, Cornel West. 1° edición. Editorial Trotta S.A. Madrid. 2011. P. 17.

(2) Tanto a Fernando Muñoz, Sociólogo de la Universidad Central de Caracas y activista MUMS; y Lukas Berredo, que desde China, no dudo en regalar su ayuda. A ellos, desde la magnífica lucha cotidiana por la igualdad desde las diferencias, mis sinceros agradecimientos por sus aportes.

Mauricio González

Coordinador Político MUMS