¿Tenemos los colas una línea editorial a la hora de producir?

No, no la tenemos pero si existen precedentes, los que a la
hora de escribir se hacen presentes y salió verso sin mayor
esfuerzo. Hoy todas quieren ser Lemebel a la hora de poner
sobre el papel sus cánticos de disidencia; y me pongo la mano
al corazón cuando digo que nunca quise sonar como alguien
más a la hora de redactar. Y sucede que estos escritos sobre la obra y gracia de la vida
Santiaguina post dictadura se ven faltos de una narrativa
política; estos se ven suplantados con cuentos de pubertos
calientes, sus idas y venidas, porque no pretenden teorizar,
pues la teoría es “aburrida” y no queremos aburrir a las
generaciones por venir (?); y se quedan cortos de vocablos
para referirse a sus amadas asignaciones de la
heteronormalidad que tanto les acomodan (pasivo, activo, entre
otros)…Señores, señoras los colas tenemos algo más que
decir, hay mucha tela por cortar, pero Chile es un país que no
duda en olvidar y así mismo quienes somos parte de él;
cerramos las heridas, se secan las costras y nos quedamos con
lo bueno, lo bonito…
Me decían una vez: ¿No es acaso la teoría queer la que genera
ese distanciamiento entre la subjetividad y la politización de los
cuerpos de la causa colisa?; De hecho sí, la teoría no es fácil
de digerir, no es un discurso que se plantee de forma oral y
nada más, pero al mismo tiempo es nuestro deber el
cultivarnos y generar tensiones internas respecto a la teoría
para luego debatirla, compartirla y volver a empezar, porque
hablar del pico, la tula y la pichula no nos vuelve sujetos de
acción en cuanto a diversidades se trata. Por lo que estos
“escritores diversos” se vuelven a un juego constante entre
ensayo y crónica de un cuerpo, que en algunos casos resultan
en artículos interesantes y al mismo tiempo fáciles de leer,
bien, ¿pero y cuándo no? La voz de estos escribas se nubla
en mensajes incompletos que se ven cubiertos entre una nube
de sinónimos de “Pene”.
Por lo tanto, es nuestra responsabilidad hacernos cargo de los
discursos que presentamos, porque entre quienes leen no hay
solo lectores informados, sino que también hay un público
pasivo que se ve influenciado por lo que se les ponga en frente.

Por qué creerse “Lemebel” dentro del mundo de los colas
letrados no es solo una manera de escribir, es también una
posición ideológica, es un escudo que se impone entre pares y
que postula: “Están ustedes y estoy yo”. Como cola militante
Pedro Lemebel, se refugia en las anécdotas dulzonas de la
vida y vueltas, mientras juega a la política en sus letras
populares.

Lemebel no solo nos habla de lo que es ser un homochilensis,
también nos dice: ¡oye! ¡Despierta!, con un tono medio medio,
medio suave medio loca y así mismo nos lleva de las atestadas
calles de la capital, a donde las papas queman; pero siempre
con ese dejo de distancia hacia la lucha por las diversidades
sexuales entre sus líneas. Porqué su lucha no es a través de
las palabras sino que desde los actos. Allí es cuando sus
“seguidores” no solo caen en ese juego de crear una imagen
que luego deben mantener, sino que además no captan el
mensaje completo, dando por sentado su papel como cuerpos
que de una u otra forma son parte de este movimiento.

Hoy los jóvenes de Lemebel poco saben si no es que nada, es
el colita de antaño el que aún le sigue los pasos y se nota en
sus párrafos de rápido palabreo y dichos populares. Y ya es
tiempo de que hagamos de la experiencia nuestra propia voz,
porque nunca es tarde para comenzar.

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Por Alex Pascal Castillo – Activista Equipo Territoriales.